La corteza de roble se utiliza medicinalmente por sus propiedades astringentes, antiinflamatorias, antibacterianas y antioxidantes, gracias a su alto contenido de taninos. Se emplea tanto para uso interno como externo, ayudando a tratar afecciones como la diarrea, inflamaciones de la piel (quemaduras, irritaciones), problemas de encías y mucosas, e incluso para mejorar la cicatrización.